Nutrición perinatal y en menopausia

En el embarazo, el cuerpo de la mujer cambia. Su estructura y composición corporal varían con el fin de cubrir las necesidades que el feto necesita para su desarrollo y, al mismo tiempo, las propias de la gestante. También, estos cambios preparan al organismo para la secreción láctea, alimento perfecto para el crecimiento del recién nacido. Este fenómeno natural implica la acción de distintas hormonas producidas por el organismo y la placenta de la futura madre. Todo esto da lugar a un coste energético y por ello, la alimentación ha de cambiar cualitativa y cuantitativamente para adaptarse a esta situación. Además, ha de abarcar desde antes del embarazo hasta la lactancia o futuro siguiente embarazo. Gracias a una buena alimentación se podrán evitar las principales molestias y enfermedades en la gestante (anemia, diabetes gestacional, reflujo, estreñimiento, riesgo de aborto debido a patógenos alimentarios, etc.); así como, en el futuro bebé (bajo peso al nacer, ceguera, etc.).

En la menopausia, la mujer sufre cambios hormonales. Junto a otros factores, esto puede llevar a cambios en su metabolismo y, por lo tanto, en sus requerimientos nutricionales. Así mismo, si se tiene en cuenta el envejecimiento que se produce paralelamente, se hace necesario prestar especial atención a: nutrientes como el calcio o la vitamina D entre otros, reajustar las necesidades energéticas y ayudar con la alimentación a mitigar los efectos indeseados que sufren muchas mujeres durante esta etapa (aumento de grasa y pérdida de masa muscular, estreñimiento, osteoporosis, alteraciones en la piel y el cabello, sofocos,…).

“Aquellos que piensan que no tienen tiempo para el ejercicio, tarde o temprano tendrán tiempo para la enfermedad” (Edward Stanley).

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