La motivación, el combustible que nos mueve

La motivación ha sido definida de muchas diferentes maneras, llegando incluso a ser considerada como un conjunto de fuerzas internas, que unas veces han sido llamadas instinto, otras voluntad y otras deseo.

Teniendo en cuenta los principales elementos considerados por la mayoría de los investigadores y profesionales dedicados al estudio de este proceso, podríamos definir la motivación como: “el proceso adaptativo que energiza y dirige el comportamiento hacia un objetivo o meta de una actividad, a la que instiga y mantiene”.

Como proceso, no lo podemos observar directamente, sino que lo tenemos que inferir a través de ciertas conductas. Y es, a la vez, un proceso adaptativo porque es el resultado de un estado interno del organismo, que le impulsa y le dirige hacia una acción en un sentido determinado.

Es el concepto que usamos para describir las fuerzas que actúan sobre el organismo para que inicie, active y dirija la conducta. Implica la existencia de unos objetivos o metas que dan ímpetu y dirección a la acción, actuando como incentivos o expectativas.

Requiere cierta actividad física o mental. Actividad física porque implica esfuerzo, persistencia y otras acciones manifiestas; y actividad mental porque incluye varias acciones cognitivas como la planificación, la organización, la supervisión, la toma de decisiones, la resolución de problemas, etc.

Es un proceso que instiga y mantiene a la conducta motivada. Si dirigirse hacia una meta es un paso difícil e importante, porque involucra un comportamiento hacia la acción, es extremadamente importante ser capaz además de sostener la acción. De hecho, muchas de las metas se producen a largo plazo, como conseguir un título universitario, obtener un buen trabajo o ahorrar dinero para comprar un piso.

Podemos decir, en general, que la motivación intenta explicar cómo las personas responden a las dificultades, a sus problemas, a sus fracasos y a los inconvenientes que aparecen cuando se persiguen esas metas a largo plazo. De hecho, los procesos motivacionales implican expectativas, atribuciones y afectos, que sirven para ayudar a iniciar y a mantener cualquier motivación.

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